Espacios para parir: Ideas desde la arquitectura para mejorar nuestras maternidades

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Los espacios para realizar las actividades humanas son diseñados en función de la actividad a realizar, del usuario que lo disfruta, de los aspectos estéticos y de las posibilidades espaciales, económicas y normativas que les afectan.

Así, los espacios deben ser diseñados desde el entendimiento de la actividad y el usuario:
Una escuela infantil se diseña (o se debería diseñar) pensando en la escala y el tamaño del usuario: el niño y la niña de hasta 6 años. Así pues, se deben proyectar pensando en ellos, en su orientación, seguridad, su capacidad de comprensión del mundo y de acción en él, utilizando materiales adecuados, de fácil limpieza y mantenimiento duradero, usando colores vivos, mobiliario escalado, inodoros pequeños, ventanas a la altura de 1 metro, para proporcionar vistas y permitirles también la mirada al exterior, se decoran con dibujos y colores para facilitar la orientación y la amabilidad de cada espacio, etc.

La tarea del maestro y demás personal del centro se desarrolla en un espacio creado y concebido para los protagonistas principales del edificio: los alumnos, que son los que marcan las necesidades prioritarias.
Una escuela de calidad, a nivel de diseño, es aquella que contiene los mejores espacios posibles para albergar las actividades que los niños y niñas desarrollan de 9 la mañana a 4 de la tarde. Aun sabiendo que el hábitat natural de los niños no es una escuela, sino junto a su madre esté donde esté, como sociedad es importante que acomodemos este espacio infantil lo más posible a las necesidades de los pequeños.

Pensemos ahora en otra actividad humana, muy diferente, pero que también es un espacio de trabajo en torno a otro elemento principal, y que refleja el otro polo respecto a la distribución de espacios: un taller mecánico.

En un taller de mecánica, los espacios giran en torno al vehículo que necesita ser reparado.

El vehículo entra en el taller, y es colocado sobre el elevador electromecánico, donde se le puede manipular, subir y bajar, para que el mecánico pueda verle los bajos, comprobar los fallos, y trabajar con comodidad, sin tener que meterse bajo el coche rodando en un monopatín, como ocurría antes.
El desarrollo de tecnología ha sido un gran avance en el área de mecánica y reparación de los automóviles, y eso se refleja en la mejora de las condiciones del técnico, que puede deambular en torno al coche, subirle, bajarle, desmontarlo sin tocar el suelo, etc. El espacio del taller se ha concebido desde la posición central del vehículo sobre el elevador 4 columnas, y la posibilidad del mecánico experto de moverse como precise y necesite para reparar el coche. El coche es llevado a reparar, se coloca en el centro del espacio, y el mecánico va reivindicando sus derechos a trabajar en las mejores condiciones posibles, ya que es el responsable de solucionar el problema del vehículo por el cual ha sido llevado allí.

Realmente no hay diseño arquitectónico de taller mecánico, simplemente una distribución sistemática del área, aplicando soluciones similares y estándar para todos los talleres.
Como mucho, un buen diseño arquitectónico produce que el espacio tenga luz natural, o una buena ventilación y disipación de los olores.

Las similitudes entre un taller mecánico y los espacios en los que habitualmente las mujeres parimos en España son demasiado inquietantes.
Las maternidades suelen ser zonas habilitadas en los hospitales, es decir, pertenecen al ámbito hospitalario, con las connotaciones de enfermedad, dolor, urgencia, necesidad de curación que sugiere un hospital.

Estos espacios no han sido pensados para el uso y disfrute de la mujer y el bebé, como usuarios y protagonistas de ese momento único y especial, sino como una adecuación de una zona del hospital, bajo criterios parecidos a los utilizados en el resto del mismo: capacidad de acción inmediata por parte del equipo médico, asepsia e higiene máximas, espacios en los que el paciente está quieto, sin necesidad ni opción de acción o movimiento, etc.

Son espacios en los que la mujer es situada en el centro, con posibilidad de ser rodeada, subida, bajada, pinchada, sedada, a conveniencia del profesional que la atiende y que se mueve alrededor suya con soltura y comodidad. El profesional no tiene que agacharse, las cosas están justo a su altura. La luz que necesita y la temperatura que precisa para hacer bien su tarea de reparar el cuerpo de la mujer en un proceso con altas posibilidades de pinchar y estropearse, como es el parto.

Espacios a la medida del técnico mecánico, no del pequeño alumno de la escuela infantil.

Nada está pensado para la mujer, esa mujer sana, no enferma, que lleva 9 meses desando conocer a su bebé, ilusionada y feliz: ni la iluminación, ni la acústica, ni el mobiliario, ni los aseos, ni el material de enfermería, ni los colores, ni las acciones de los profesionales. Nada está a su altura, ella está allí para ser llevada, para ser parida. Respecto al otro protagonista, el bebé, sí se ha hecho un enorme esfuerzo por aplicar soluciones según su tamaño y escala: en todas las maternidades hay un número elevado de cunas pequeñas, de plástico trasparente, tamaño recién nacido. Y biberones y chupetes tamaño recién nacido.

Incluso muchas veces, un espacio especial para que el recién nacido permanezca allí mucho tiempo solo, en compañía de otros bebes igualmente pequeños, igualmente solos.

Tan sólo desde el conocimiento de las necesidades de una mujer y del bebé durante las distintas fases del parto y postparto se puede abordar un diseño coherente del espacio arquitectónico que va a albergar ese momento, esa función, con acierto. Una mujer de parto, como cualquier otro mamífero de parto, necesita dos cosas básicas para que éste se desarrolle lo más fácil y seguro posible: intimidad y seguridad.

El concepto de intimidad, o de falta de intimidad, está relacionado con la desnudez de la mujer de parto, el número de personas que la ven, la exploran, entran y salen de la sala, la sensación de estar observada, la posibilidad de moverse, actuar según su necesidad o instinto, etc.

El concepto de seguridad, o de falta de seguridad, se relaciona con el miedo a lo que no se sabe o se controla, a la falta de información y de datos. Estar acompañada por la persona querida favorece la sensación de seguridad

El reto del diseño de espacios es el de dar cuerpo, dar forma a estas dos premisas o condiciones previas y necesarias para el buen desarrollo del parto.
Además es el deseo de todos los implicados: madre, padre, familiares, profesionales, personal de apoyo, etc.

El espacio más veces elegido y utilizado por las personas para las actividades relacionadas con la concepción, embarazo, etc. en su casa, en su habitación, en su cama. Esta situación produce condiciones de máxima intimidad y seguridad. Con este sencillo indicador resulta fácil entender por qué cada vez más mujeres en Europa apuestan por tener a sus hijos en su hábitat natural: la intimidad de sus casas.

Trasladar este ambiente hogareño y conocido al ámbito hospitalario resulta un reto para arquitectos y diseñadores: desde la arquitectura se puede ayudar a crear ambientes que ayuden a que el proceso de parto de las mujeres sea vivido como un acto sano y saludable. Y alejar las imágenes, por desgracia demasiado habituales, de partos en salas-quirófano en las que cualquier visión de la misma nos evoca el peligro y la necesidad de usar material quirúrgico rápidamente. Para atender bien un parto tan sólo es necesaria una actitud respetuosa y expectante del profesional que lo atiende y acompaña, por lo que la falta de espacios adecuados no puede convertirse en una excusa para no actualizar protocolos y tratamientos obsoletos. Una matrona amable, respetuosa y empática es suficiente infraestructura para la mayoría de los partos.

Aun así, la arquitectura puede convertirse en un aliado para que los partos sean aun más seguros y atendidos en mejores condiciones de calidad para la usuaria: el parto como actividad, acción de la madre y el bebé, que necesita de la implicación total de la mujer. La consecuencia primera de este cambio global en las áreas de maternidad en hospitales es la mejora de los resultados en clave de salud y de satisfacción de las usuarias, y también de los profesionales.

Para que la arquitectura pueda ayudar a conseguir estos buenos resultados, este ambiente menos agresivo a nivel sensorial, permita espacios y ambientes más cómodos y amables, en los que ella y sus acompañantes puedan reconocer como lugares íntimos y seguros, se pueden tener en cuenta los siguientes aspectos:

– Recorridos y estancias adecuadas:

desde la llegada e ingreso hasta el momento en que la madre y el bebé son dados de alta, es necesario facilitar los recorridos de las usuarias, de modo que tengan siempre lo más cerca posible todas las estancias que van a utilizar:

  • Recepción con un lugar privado para una posible primera exploración.
  • Señalética correcta y clara, que permita el recorrido directo de un lugar a otro, evitando pérdidas en los recorridos, y aumento del nerviosismo, por parte de la mujer o acompañantes.
  • Diferentes recorridos para las mujeres que llegan de parto, y las que llegan con alguna patología del embarazo, de modo que la mujer que acaba de perder a su bebé no tenga que compartir espacios con la mujer de parto, por ejemplo.
  • Una habitación única en la que se produzca todo el proceso de parto: dilatación, expulsivo y primeros momentos, resulta de vital importancia para que la mujer reconozca el espacio en el que está, lo haga suyo, y no sea interrumpida con molestos traslados de habitación a paritorio, etc.
  • Zona de hospitalización junto a zona de neonatos, para que, en caso de que el bebé deba ser ingresado, la madre tenga un acceso inmediato a la zona en la que está su hijo, pensando que la madre puede débil tras una cesárea, u otra intervención.
  • Zona de reanimación exclusiva para el área de maternidad, de modo que una madre que acaba de sufrir una cesárea, pueda pasar sus primeros momentos junto a su bebé, sin molestar a otros pacientes que se encuentren en la reanimación por otras causas diferentes.

– Intimidad sensorial:

Acústica: buen aislamiento acústico de las distintas estancias y habitaciones en las que discurren los distintos momentos del parto.

Lumínica:

  • diferentes modos de iluminar los espacios conducen a distintos modos de entender los mismos. Por ello, se debe combinar circuitos de luz directa e intensa, necesaria para determinadas intervenciones, con puntos de luz no directa con posibilidad de regulación por parte del usuario. Esto permite que la mujer pueda graduar la intensidad de la luz durante su dilatación, permitiendo estancias en penumbra, lo que facilita la sensación de intimidad, favoreciendo, por tanto, el proceso del parto.
  • necesidad de luz natural y las ventajas de un posible enlace visual con ambientes exteriores tranquilos, relajantes, arbolado, cielo, naturaleza, noche, día, etc.

Decoración: acabados, colores y materiales asociados a ambientes domésticos, alejándose lo más posible de los que recuerdan a las salas médicas y quirófanos:

  • pequeño mobiliario de madera u otro material de carácter similar
  • ocultamiento del material quirúrgico mediante sencillas mamparas móviles
  • cortinas o estores de colores, que filtren la luz y permitan un agradable ambiente

– Protagonistas: la mujer y el bebé
Espacios pensados para la mujer:

  • Desplazar la cama del centro de la habitación hacia un lado, ganando espacios de deambulación y para libertad de movimientos de la mujer.
  • Privacidad durante la dilatación y expulsivo. Con habitaciones individuales en las que la mujer pueda moverse como quiera, emitir sonidos, etc, sin interferir en el proceso de dilatación de otra mujer, o del trabajo de los profesionales sanitarios que trabajan en esa área.
  • Realizar pequeñas reformas que permitan ampliar las actuales habitaciones de dilatación, dotándolas de un espacio de ducha o bañera de modo que la mujer pueda beneficiarse del uso del agua caliente durante la dilatación.
  • Proporcionar pequeño material para facilitar la dilatación y expulsivo, tales como pelotas de goma, cuerdas, cojines, sillas de parto, etc.
  • Habitación de lactancia, en la que la mujer pueda compartir con otras madres que acaban de dar a luz sus dudas o sentimientos tras el parto.

Espacios para el bebé:

  • Habitaciones de hospitalización con una cama amplia, de modo que el bebé pueda permanecer siempre junto  a la madre.
  • Zona de neonatos con espacio y comodidades suficientes para que la madre pueda estar junto a su bebé todo el tiempo que desee. En caso de que el espacio sea muy ajustado, colocar al menos, junto a cada cuna, una silla lo más cómoda posible.

Espacios pensados para la familia:

  • Habitación familiar: un habitáculo pensado para que también el padre, incluso otros hijos puedan permanecer junto a la madre y el bebé tras su nacimiento.
  • Habitación de despedida: espacio pensado para que la madre y el padre puedan despedirse de su bebé, en caso de que haya nacido sin vida, en condiciones de intimidad, sin prisas, a solas, en un momento de especial importancia para el resto de la vida de esos padres.

Los espacios hospitalarios para parir deben ser proyectados con la actitud que existe cuando un arquitecto se enfrenta al diseño de una escuela infantil, con el verdadero protagonista protegido y colmado en sus deseos y necesidades.
Por ello, es importante fomentar la implicación de la mujer en su parto, señalarla y respetarla (junto a su bebé) como la verdadera protagonista del mismo,  repensando todo el área de maternidad en función de sus necesidades físicas y emocionales.

Una mujer de parto no se puede reducir a alguien atado a un potro obstétrico, en un paritorio. Una mujer de parto es el usuario más activo, peculiar y sorprendente de cualquier hospital, y por tanto, sólo desde este conocimiento se puede acertar con las condiciones espaciales y arquitectónicas que precisa. Mientras que la gran mayoría de mujeres en España sigan acudiendo a dar a luz a hospitales y clínicas, es importante que los espacios que acogen esta función saludable sean lo más domésticos posible.

En esta línea, las “casas de parto” o maternidades como edificios independientes del hospital y atendidos generalmente por matronas, son opciones que en muchos países de Europa están funcionando muy bien, ya que aportan un ambiente menos hospitalario y más cercano y agradable, incrementando los niveles de intimidad y seguridad de la mujer de parto.

La arquitectura puede ayudar a alejarnos de la idea de área de maternidad como taller mecánico de madres estropeadas a punto de dar a luz.
La arquitectura como herramienta para proporcionar el entorno más adecuado posible, “disfrazando”, “tuneando” los espacios hospitalarios de modo que puedan evocar su hábitat íntimo y natural de la mujer pariendo.

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PARRA CASADO, Marta: “Espacios para parir: ideas desde la arquitectura para mejorar nuestras maternidades”, en BLAQUEZ GARCIA, María Jesús (ed.), Maternidad y Ecología, Cursos de Verano 2009, Jaca: Prensas Universitarias de Zaragoza, 2009, 213- 219.