¿Gimnasio o paritorio humanizado?

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La corriente de humanizar las salas de parto está empezando a calar en los distintos hospitales del país. La necesidad de escuchar a las mujeres ha hecho que algunos hospitales comiencen a introducir cambios en sus salas de parto, tal y como recomienda el Ministerio de Sanidad en su Estrategia de Atención al Parto Normal desde hace casi 10 años.

Pero no siempre se entiende el concepto de paritorio humanizado como el lugar más agradable posible para acoger el proceso de parto y nacimiento. Un entorno agradable, que transmita confianza a la mujer y permita a las parejas y profesionales acompañar las largas horas de un parto tiene que integrar conceptos tan variados e importantes como la privacidad, el contacto visual con el exterior, la regulación y control de la temperatura, de la luz (artificial y natural), de los sonidos del interior y del exterior, el espacio que permita la libertad de movimiento, la utilización del agua y otros métodos no invasivos para el alivio del dolor o la inclusión ordenada del material de apoyo en cada momento. El color, textura y temperatura de los materiales constructivos y mobiliario también ayudan a concebir una sala, un lugar en el que la mujer se sienta a gusto, reconozca como suyo al cabo de poco tiempo, y le permita las variaciones y escenarios suficientes para que encuentre, durante el tiempo que dure el parto, todo lo que puede ayudarle o necesita.

Y no es un capricho: estamos hablando de mejora de los resultados obstétricos, de disminución de episiotomías y cesáreas, de una tasa menor de ingresos en neonatología, es decir, estamos hablando de salud.

Por eso, cuando un hospital decide acondicionar sus espacios para una mejor atención a parto, cuando quiere actualizar su infraestructura y sus estancias, es necesario que cuente con un profesional del diseño basado en la evidencia (EBD) en los entornos del parto y la maternidad. Porque si no, se corre el riesgo de convertir su nueva sala de partos en algo más parecido a un gimnasio que en el lugar cálido y amable que estaban buscando. Llenar una sala más o menos grande de todos los materiales de apoyo posibles (pelota, silla de partos, bañera obstétrica, liana, colchoneta, cama mutiposicional, etc…) no es garantía de éxito. Pintar las paredes de un color tampoco es suficiente.

Es necesario un proyecto integral que parta de las necesidades fisiológicas y emocionales de una mujer de parto, incluya todos los elementos y material hospitalario que garantice una posible intervención en cualquier momento y armonice en una sola estancia conceptos tan importantes como a privacidad, la intimidad, a funcionalidad, la seguridad, e incluso la belleza. Un proyecto de diseño que dé respuesta a cada uno de los cinco sentidos de cada uno de los usuarios de la sala: la mujer, el acompañante, e bebé y el profesional. Donde cada uno tenga y encuentre su lugar en cada momento. Un ambiente que ayude a reducir la ansiedad y genere bienestar, tranquilidad y seguridad. Donde todo el equipamiento médico esté al alcance de a mano, pero sin ser visto.

Un lugar que la mujer recordará siempre, y que merece la pena que sea diseñado para ello.