Los paritorios en la España vaciada. Soluciones disruptivas

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Iniciamos el año felicitando a todas las personas que nos leéis, y haciéndonos eco de la actualidad en relación a los paritorios de hospitales comarcales de la España vaciada.

Verín ya nos suena a todos, a raíz de ser actualidad por el cierre del paritorio el pasado 2 de diciembre 2019, su intermitente probable re-apertura y a lo que está dando lugar. Un hospital con menos de 100 partos en el último año no es rentable en clave económica ni de recursos.

Los hospitales comarcales de las zonas despobladas viven bajo la amenaza de su cierre, y ponen sus barbas a remojar ante lo que está ocurriendo en el vecino orensano. Los paritorios de Aranda de Duero o Miranda de Ebro, de Jaca o Formentera tienen en el horizonte el mismo escenario desolador.

Los estándares actuales del Ministerio de Sanidad, apuntan a no dotar de maternidad hospitalaria a hospitales sin área poblaciones de una demanda superior a 600 partos/año, excepto por razones de tiempo de desplazamiento o accesibilidad.

¿Hay más claves? ¿Cuál debería ser el umbral por debajo del cual no tiene sentido mantener un área obstétrica abierta y bajo qué factores?

Cuando los posibles casos son demasiados, es preciso repensar y ofrecer soluciones diferentes, para llegar a la más razonable y justa, ante la situación de despoblación creciente.

 

Hace un par de años nos encargaron un proyecto de centro rural de maternidad, en un país en el cual los tiempos en recorrer la distancia desde ese centro rural hasta el hospital comarcal eran demasiados para todas las parturientas. Nos propusieron pensar en una infraestructura que permitiese atender las mujeres en partos de bajo riesgo allí mismo, y a su vez, derivar a las mujeres con algún riesgo hasta la ciudad más cercana. La clave de la seguridad de este modelo es que permite hacer también los controles de Primaria, los rutinarios básicos del embarazo, para realizar los cribados y controles, detectar y derivar a las mujeres con algún riesgo, y poder gestionar al resto de las embarazadas allí mismo.

Es un centro que cuenta con una zona de consulta y atención al embarazo, otra zona de sala de partos, con un ambiente adecuado y similar al doméstico, y un área de grupos, en los que mensualmente se reúnen las mujeres y sus familias para compartir sus embarazos y maternidades, aprendiendo así unas de otras, incluso las más jóvenes de las mayores.

El proyecto está en marcha y viento en popa. Este pequeño centro es, además, replicable, de modo que con una infraestructura relativamente pequeña, se puede llegar a dar servicio a comunidades dispersas y poco habitadas.

Pero este proyecto pasa por des-hospitalizar los edificios de las pequeñas comunidades, y dotarlas de unos servicios profesionales adecuados a esta realidad, con una sólida formación como base de su oferta asistencial.

En nuestra España vaciada nos encontramos con situaciones similares. De los siete hospitales comarcales gallegos, cuatro hospitales están por debajo de los 300 nacimientos anuales: el Hospital de Monforte (208), el de Cee (176), el de Valdeorras (122) y, en último lugar, el de Verín (89). Son poblaciones sobre las que acechan la posibilidad de cerrar sus paritorios por falta de nacimientos. Y es sólo el principio.

Como sociedad, si hemos de asumir que los partos se han de quedar geográficamente en algunos lugares para mantener la equidad en la atención sanitaria, conviene definir dónde y cómo necesitamos mantener la atención al parto, cuando no salen los números, entendiendo la Maternidad como un bien social a proteger.

 

El desierto demográfico nos plantea un reto de formación y gestión.

Una respuesta a la medida del problema puede ser modificar los servicios, para conseguir que la gran mayoría de mujeres, todas las que gozan de un embarazo de bajo riesgo, tengan acceso a una atención al parto y nacimiento adecuados, proporcionada por matronas preparadas para atender en condiciones en las que no hay una UCI neonatal muy cercana. Una atención al parto ultratecnologizada no puede estar disponible en cualquier lugar, pero sí podemos generar una buena preparación de profesionales, entrenados para el embarazo y parto fisiológico, que suponen el 90% de los casos en España. ¿Sería posible integrar la atención al embarazo y parto en los centros de Primaria y con unos recursos más sencillos, limitados y eficaces, que no comprometen la seguridad de las mujeres de parto?.

También estamos ante un reto de Arquitectura, para crear nuevos modelos e infraestructuras que se adapten a nuestras necesidades sociales y demográficas. Hablamos de la posible creación de una red pública de casas de parto, vinculadas a Centros de Atención Primaria o consultorios, y con acuerdos de traslados seguros a hospitales de referencia. La atención a embarazos y partos de bajo riesgo en una infraestructura no hospitalaria supone además un ahorro económico con respecto a la atención tradicional, y responde a las nuevas demandas sociales de muchas mujeres a una atención fisiológica más digna e igualmente segura.

Hemos de ofrecer infraestructuras atractivas, que atraigan y retengan el talento profesional de la matronería, aunque estén lejos de los grandes hospitales en los que el alto número de nacimientos promete una práctica profesional más intensa.

 

Experiencias basadas en las redes de Casas de Partos y Nacimientos o la atención domiciliaria al parto, en Alemania, Reino Unido, Holanda o Nueva Zelanda pueden servir de inspiración. Especialmente los estudios realizados en Alemania comprueban las grandes ventajas que supone disponer de una red nacional de casas de parto.

 

Resumen de la situación Verín:

El pasado 2 de diciembre de 2019 el hospital de Verín cerró su servicio de maternidad, ante la dificultad de contar con un pediatra en sus paritorios. Las mujeres de la comarca de Verín y sus bebés se han levantado en protestas, porque ven vulnerados sus derechos respecto a una atención al embarazo, parto y el posparto, obligándoles a desplazarse al Hospital de Ourense a una distancia mínima de 70 km (existiendo mayores distancias debido a la dispersión geográfica de nuestro territorio).

La población, conocedora de la grave situación de despoblación del rural gallego, y preocupada por el alarmante descenso de la natalidad y el consiguiente envejecimiento de la población en Galicia, cree que estas medidas vienen a incidir negativamente en la situación de crisis de población, y han salido a la calle.

Se han dado varios casos de partos una vez cerrado el paritorio, que no han podido desplazarse hasta el hospital más cercano. Todos los nacimientos han ocurrido sin complicaciones.

La Xunta se plantea reabrir el Paritorio, y está buscando soluciones para ello.