¿Una sala de parto culturalmente adecuada?

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Mucho se ha escrito ya sobre las salas aymara o salas culturalmente adecuadas para dar a luz, en un intento de acercar a las mujeres indígenas el parto hospitalario.

Son salas que tratan de recrear espacial y ambientalmente las condiciones de parto a las que las mujeres están acostumbradas en sus domicilios, conforme a su tradición cultural. Suena bien, suena hasta correcto, pero ¿qué es esto? ¿De verdad las mujeres de ambos lados del mundo tenemos necesidades diferentes a la hora de dar a luz?

La respuesta ante la negativa de las mujeres indígenas de dar a luz tumbadas (y por tanto de acudir al hospital incluso ante situaciones de riesgo), es la aparición de estas salas de parto culturalmente acondicionadas, donde la penumbra es habitual, donde el potro obstétrico es sacado de la habitación, generando un vacío que la mujer utiliza para buscar las mejores posiciones durante su parto. Se equipa con telas de colores y motivos indígenas, colgadas del techo o en el suelo definiendo las distintas zonas de “movimiento”.

Lo que viene a ser «Arquitectura de Maternidades del altiplano». (Citando a Claudia Pariente)

Una amiga africana nos contaba que en su comunidad, las mujeres necesitan tener los pies firmes en el suelo para parir, por lo que ella sufrió mucho cuando dio a luz en España, y fue obligada a estar tumbada todo el parto. Sus palabras eran: “así no puedo, así no puedo”.

Y en España, ¿están los paritorios adecuados a nuestra cultura de parto? ¿cuál es nuestra cultura de parto?

En un momento de consolidación de la democracia, donde valores como la igualdad, el conocimiento, y el acceso a la salud y a la información son importantes, nuestra cultura de parto permite seguir atando a la mujer a una cama, y dándole drogas para ayudarle a aguantar en dicha posición.

Pero algo está cambiando:

Las peticiones y necesidades de las mujeres indígenas en América Latina se toman en serio (por lo menos con la intención de acoger los partos en los hospitales), en otros países del centro y norte de Europa se organizan congresos para “la atención al parto multicultural o intercultural”, pero cuando, como mujeres europeas que somos, pedimos espacios que se ajustan a un parto fisiológico y saludable, se considera algo caprichoso, incluso pijo, propio de la mujer moderna a la que habrá que “ceder un poco más  de protagonismo”, sin haber entendido nada de lo que supone la atención respetuosa del parto.

Porque las grandes categorías que condicionan el espacio físico para el parto, son las mismas para todas las mujeres: intimidad, penumbra, seguridad, libertad de posición, privacidad, etc. Lo de menos es el motivo de las telas o el color de las paredes.

Y los hospitales de calidad ofrecen espacios con un equipamiento acorde a un parto fisiológico y saludable, basándose en la libertad de movimientos para favorecer tanto la dilatación como el descenso del bebé, en el respeto de la mujer y su cuerpo, y una atención personalizada y “culturalmente adecuada” a cada una de las madres, sin importar de dónde venga cada una.

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Para leer más: El parto intercultural y las mujeres cortadas, por Claudia Pariente

Imágenes: del blog Re-visión del parto personalizado, por Michelle Sadler y Patricia Núñez